Cuando empiezas a interesarte por la música, más allá de tararear o cantar los éxitos del momento o tus canciones preferidas, surge una posibilidad evidente: copiar a tus referentes, a los artistas o compositores que te conmueven especialmente. Pero, casi al mismo tiempo, es muy posible que pienses que vas a quedarte haciendo lo mismo que ellos, inevitablemente, una y otra vez.

En las siguientes líneas vamos a analizar este fenómeno absolutamente común, los límites de la imitación, el riesgo de ser poco original o cometer alguna forma de plagio y, en general, por qué imitar es la forma natural de empezar cualquier tipo de aprendizaje.
Vamos allá.
¿Por qué imitamos cuando aprendemos música?
Imitar es una de las formas más naturales de aprender, si no es realmente la única manera de conseguirlo.
Usamos esta estrategia desde que somos pequeños, mucho antes de entender lo que estamos haciendo. Aprendemos a hablar repitiendo los sonidos que escuchamos. Aprendemos a caminar viendo cómo lo hacen los demás. Y con la música pasa exactamente lo mismo.
Cuando escuchamos una canción que nos gusta, algo se despierta dentro. Queremos cantarla, tocarla, entender cómo está hecha. Y lo más lógico es empezar por imitarla.
No porque queramos copiar, sino porque queremos aprender desde dentro. Al repetir lo que hacen nuestros artistas favoritos, estamos entrenando el oído, la memoria, la técnica y, sobre todo, el gusto musical.
Lejos de ser un problema, imitar es el primer paso. Es una puerta de entrada a todo lo demás que llegará después.
Imitar no es copiar: es comprender desde dentro
Puede que al principio sientas que estás «copiando» cuando imitas a un artista. Pero en realidad, lo que estás haciendo es entrar en su mundo. Es como si te pusieras sus gafas por un momento para ver cómo construye una canción, cómo elige los acordes, las palabras o la melodía.
Tocar una canción que te gusta no es simplemente reproducirla. Es fijarte en los detalles: ¿por qué empieza así?, ¿por qué cambia de tono en este momento?, ¿qué tiene ese estribillo que se te queda en la cabeza?
Cuanto más imitas con atención, más descubres los mecanismos internos de la música. Y eso te da herramientas. Aprendes a manejar estructuras, recursos melódicos, giros armónicos … todo eso se va quedando en ti, como parte de tu lenguaje.
Así que no es solo repetir. Es comprender, absorber y transformar.
¿Cuándo la imitación se vuelve peligrosa?
Aunque imitar es una parte esencial del aprendizaje, también tiene sus trampas. Una de las más comunes es quedarse demasiado tiempo en ese lugar cómodo, repitiendo fórmulas que ya sabes que funcionan porque las has visto en otros. Y ahí es donde puede empezar el problema.
Si solo reproduces lo que ya ha hecho otro, sin aportar algo tuyo, corres el riesgo de no desarrollar una voz propia. Y lo peor: podrías aburrirte. La creatividad necesita espacio, necesita juego, necesita error.
Otro riesgo es el del plagio involuntario. Cuando escuchas mucha música (y eso está genial), es fácil que alguna idea se te quede pegada sin darte cuenta. Luego, al componer, puede que reproduzcas algo muy parecido creyendo que es tuyo. No pasa nada si sucede, pero es importante estar atento.
La clave está en equilibrar: aprender de otros, sí, pero siempre con la intención de transformar eso en algo nuevo, algo tuyo.

Estrategias para pasar de la imitación a la creación
Llega un momento en el que imitar ya no es suficiente. Sientes que necesitas ir un paso más allá, que te apetece probar tus propias ideas, buscar tu estilo. Y para eso, hay algunas estrategias muy sencillas (y divertidas) que pueden ayudarte:
- Cambia partes de una canción conocida
¿Qué pasa si le das otra letra al estribillo? ¿O si tocas la misma melodía con otros acordes? Jugar con lo que ya existe es una forma de abrir caminos nuevos. - Usa estructuras conocidas para ideas propias
Puedes tomar la forma de una canción que te guste (estrofa + estribillo + puente, por ejemplo) y componer algo tuyo sobre esa base. Es como usar un mapa para explorar un territorio desconocido. - Improvisa sobre temas existentes
Coge una canción que conozcas y empieza a improvisar: cambia la melodía, inventa otra letra, haz una versión acústica si era electrónica. Cada cambio es una oportunidad de expresión. - Beber de distintas fuentes o tener diversos referentes
Si siempre escuchas el mismo estilo, tus ideas tenderán a sonar parecidas. Pero si mezclas géneros, artistas, épocas y culturas diferentes, tu creatividad se enriquece. Es como tener más colores en la paleta. Un verso inspirado en un cantautor puede convivir con un ritmo de reguetón o una armonía de jazz. Ahí es donde empieza la magia.
Pasar de la imitación a la creación no significa dejar de aprender de otros, sino aprender de muchos y combinarlo con tu experiencia personal.
Grandes artistas que empezaron imitando
A veces pensamos que los grandes músicos nacen con un estilo único e irrepetible. Pero lo cierto es que casi todos empezaron imitando a sus referentes. Es lo más normal del mundo.
Los Beatles, por ejemplo, tocaron decenas de versiones antes de componer sus propias canciones. Imitaban a artistas de rock and roll, rhythm and blues y música negra americana. Y fue a partir de ahí, poco a poco, que encontraron su sonido propio.
Bob Dylan comenzó versionando canciones de Woody Guthrie y del folk tradicional.
Kurt Cobain creció tocando temas de los Pixies y Melvins.
Rosalía estudió flamenco durante años antes de fusionarlo con otros géneros.
Incluso artistas súper originales como Björk o Thom Yorke han hablado de sus influencias y de cuánto aprendieron imitándolas.
Lo importante es entender que la imitación es parte del proceso, no el final del camino. Todos esos artistas encontraron su voz … después de haber recorrido muchas otras.

La imitación como parte de un camino más amplio
Imitar es solo una etapa. Es el punto de partida, no el destino final. Sirve para adquirir herramientas, entrenar el oído, mejorar la técnica y descubrir lo que te emociona de la música. Pero quedarse ahí sería como aprender a hablar repitiendo frases sin nunca decir algo propio.
A medida que avanzas, vas desarrollando tu intuición musical, tu criterio y tus propias ideas. Empiezas a combinar lo que has aprendido de otros con lo que sientes tú. Y eso es lo que te permite empezar a crear de verdad.
Aprender música —como cualquier otro arte— no es una línea recta. Es un camino con curvas, con exploraciones, con descubrimientos que a veces vienen de lo más inesperado.
La imitación es una parte natural de ese proceso. Pero lo importante es seguir andando, seguir buscando … hasta que lo que suene sea auténticamente tuyo.
Conclusiones
Imitar no es una trampa. Es un paso lógico, necesario y valioso.
Todos empezamos ahí, repitiendo lo que nos conmueve, tratando de entender cómo lo hicieron otros. Pero en el fondo, lo que estamos buscando no es sonar como ellos… sino descubrir cómo queremos sonar nosotros.
La clave está en imitar con conciencia, con curiosidad, con ganas de aprender. No se trata de repetir por repetir, sino de absorber, transformar y experimentar. ç
Y poco a poco, sin darte cuenta, vas encontrando tu propia forma de decir, de tocar, de escribir, de cantar.
Tu voz, tu visión peculiar de las cosas está ahí, dentro de ti, esperando una oportunidad para hacerse oír.
Sólo necesita que te atrevas a buscarla.

hacercanciones.com es una creación del Sr. Imposible
Después de estudiar en varias escuelas de música de barrio y en el Aula del Conservatorio del Liceu de Barcelona, con contenidos compatibles con el Berklee College of Music de Boston, doy clases de guitarra, música moderna y escribo canciones.