¡Qué música tan triste! ¡Qué pozo de dolor!
A menudo, al escuchar una pieza instrumental o una canción, expresiones como estas han salido de nuestros labios. Pero, si hablamos exclusivamente de sonidos musicales, ¿cómo es esto posible?

Bien, aunque esas sensaciones se pueden conseguir de diversas maneras, tenemos que hablar de la tonalidad menor y de modalidad también.
Nos fijaremos en la accidentada historia de esta idea armónica que, partiendo del triunfo del sistema tonal, tuvo que hacer algunos ajustes para encajar en los requisitos de esa forma de componer y armonizar música o canciones.
Vamos allá.
Un poco de historia
Hace más de 300 años, debido a las mejoras en la construcción de instrumentos, el análisis de algunos teóricos de la música, las distintas formas de afinar y el deseo de los músicos de ampliar sus posibilidades compositivas, se impuso la idea de tonalidad como recurso armónico ideal para expresar emociones y afectos.
Pero, realmente, esta historia, como casi todas, empezó mucho antes. Durante, al menos, 2000 años, desde la Antigua Grecia, los modos fueron la forma predominante de composición musical.
Aquellos modos que hoy llamamos griegos, con el paso del tiempo se transformaron en los modos eclesiásticos, aproximadamente en la etapa que conocemos como Edad Media. No eran las mismas notas, ni tenían exactamente los mismos nombres y, por lo tanto, tenían que sonar distinto.
Pero de alguna manera, el espíritu de la modalidad, de la forma como sonaba cada una de aquellas escalas dóricas, frigias, lidias y demás seguía vigente. Podríamos decir que cada modo estaba especializado y conducía a expresar emociones concretas.
Y entre aquellos modos, habían dos que, con el paso de los siglos, empezaron a demostrar un potencial especial: el modo jónico y el eólico.
Las sensaciones que transmitía tocar una escala jónica fueron asociadas a ideas como la fuerza o la alegría, por ejemplo. La escala eólica, en cambio, debido a su estructura interna, sonaba más triste, dulce o melancólica, y esos eran los temas o ideas que podía, en principio, ilustrar mejor.
Conozcas los modos armónicos o no, debes saber que estos dos en concreto acabaron transformándose en lo que hoy conocemos por tonalidad mayor y menor.
Si quieres saber más de ese tipo de contextos musicales, puedes leer el artículo dedicado exclusivamente a los modos armónicos modernos.
Tonalidad
La idea que hay detrás del concepto de tonalidad consiste en aprovechar las características únicas del modo jónico, su estructura particular, para construir una jerarquía firme para las notas de esa escala.
De esa manera, la primera nota, que llamamos tónica o fundamental, será el centro tonal, el sonido de referencia alrededor del cual apuntan, con una u otra fuerza, el resto.
El acorde que construyamos sobre esa primera nota, igualmente, será el centro de ese contexto armónico, y el resto de acordes querrán, de alguna forma, acabar resolviendo en él.

La penúltima nota de la escala es la clave.
La séptima nota de la escala jónica, que ya podríamos llamar escala mayor, queda a sólo un semitono de distancia por debajo de la octava, que vuelve a considerarse también la primera, y parece que pide desesperadamente volver a ella, resolver esa tensión o dependencia. A esa séptima nota, el si de la escala de do mayor, por ejemplo, le llamamos sensible.
Es mucho más fácil escucharlo que explicarlo. Prueba a hacerlo.
Además, el hecho de que, entre la cuarta nota de la escala y esa séptima, se produzca un intervalo de tritono, (tres tonos o 6 semitonos), especialmente tenso,
Y que ese tritono aparece en el quinto acorde de la tonalidad, que llamamos dominante, explica el contraste característico del sistema tonal, tensión-reposo.

[La tríada que incluye un m b5 también se llama disminuida]
Ese sonido claro de dominante a tónica es el que se ha reproducido en mil y una situaciones a lo largo de los últimos siglos.
Esta es la propiedad del modo jónico que, finalmente, fue la que provocó que su uso se fuera generalizando y su influencia sonora llegara mucho más lejos, afectando a otras escalas y generando una gran variedad de ampliaciones alrededor de la misma idea.
De eólica a menor natural
Una de las primeras afectadas fue su compañera, la escala eólica.
Su sonido era interesante, distinto, pero había un pequeño gran problema con ella: en su armonización, no tenía un quinto acorde tenso, dominante, que pudiera resolver a la tónica, en este caso una tónica menor.
Su quinto acorde es menor y no tiene esa fuerza dominante del quinto acorde de la escala mayor.

Una vez más, es más fácil escuchar que explicar. Pruébalo.

[Recuerda: La tríada que incluye un m b5 también se llama disminuida]
De menor natural a menor armónica
Para resolver esto, la solución que se aplicó fue sencilla y rotunda. Subir la séptima nota de la escala menor natural un semitono.

¿Qué se consiguió con este cambio? Pues, muy sencillo. De pronto, esa escala ya tenía su sensible.
La séptima nota de la escala pasaba a estar a 1 solo semitono de la tónica y, por lo tanto, esa nueva nota convertía el nuevo quinto acorde en uno mayor.

Y ahí teníamos el nuevo invento: la tonalidad menor.
El sonido de esta escala menor armónica es peculiar, reconocible, recuerda a la música oriental o española, pero, para lo que aquí nos ocupa, provoca que su quinto acorde sea mayor y dominante, tenso y fuerte, ideal para resolver en el primer acorde con la claridad de la tonalidad mayor.
Ahí está la tensión que faltaba para esos finales redondos, para que una tonalidad menor pudiera tener más energía y dirección en sus progresiones y cadencias, cumpliendo finalmente su función tonal principal.
De menor / mayor o mixta y menor melódica
Pero aún hay más. Conservando esa nota sensible en la tonalidad menor se siguieron haciendo experimentos para tener aún más posibilidades compositivas.
Una consecuencia de ello fue la escala menor-mayor o mixta, que consiste en combinar la primera parte de la escala menor con la segunda parte de una mayor. El resultado es una menor armónica con la sexta nota un semitono más alto o, lo que es lo mismo, una escala mayor pero con la tercera menor. Un híbrido, una combinación que ofrecía nuevos matices a las obras escritas en tonalidad menor.
Y para terminar, una más. No contentos con esto, una nueva escala entró en el panorama. La escala menor melódica. Esta nueva invitada ofrecía la novedad de utilizar la escala mixta que acabamos de ver cuando se tocaba en sentido ascendente pero, al descender, usaba las notas de la escala menor natural.

Resultado de todo esto: una escala de nueve notas que conservaba por una parte el poder tonal al ascender por la sensible y la sonoridad eólica en su recorrido al descender.
Conclusiones
Espero que, si alguna vez te habías encontrado con esta maraña de nombres relacionados con la tonalidad menor, ahora entiendas un poco mejor el cómo y el porqué de ese jaleo terminológico.
Desde este punto de vista teórico, podríamos decir que las únicas «tonalidades» menores serán aquellas que consigan ese V grado con la tensión necesaria para resolver en su tónica menor correspondiente con la fuerza esperada.
En la práctica, las canciones pueden presentarse de muchas formas y es habitual que no sólo recurran a un tono determinado durante toda la pieza sinó que aparezcan notas de otras tonalidades o que secciones completas modulen a de mayor a menor o a la inversa, por ejemplo.
En las canciones escritas en una tonalidad menor, igualmente, aunque se mantenga durante todo el desarrollo musical ese carácter menor, fácilmente encontraremos trazas o partes más definidas que utilicen la menor natural, la armónica o, tal vez, la melódica, combinadas, incluso, en ocasiones, con otros modos menores como el dórico o el frigio, o escalas como la pentatónica menor.
Aunque la tonalidad mayor quizás sea la protagonista de esta historia, es imposible negar el poder de una canción inspirada compuesta en una tonalidad menor.
Muchas canciones surgen de la desilusión, del desamor o del sufrimiento. Géneros musicales como el Blues o el Folk han utilizado infinidad de veces las tonalidades menores para escribir sus temas, para imprimir en sus obras ese aroma menor en sus distintas formas.
Estas posibilidades nos permiten ser más o menos concluyentes o duros en nuestras composiciones, dotarlas de una atmósfera más o menos triste o sombría, añadir detalles o giros en cualquier progresión de acordes que aporten variedad a nuestro discurso musical.
La tonalidad menor es en definitiva una fuente de posibilidades u de inspiración.
Úsala. Escribe tu canción.

hacercanciones.com es una creación del Sr. Imposible
Después de estudiar en varias escuelas de música de barrio y en el Aula del Conservatorio del Liceu de Barcelona, con contenidos compatibles con el Berklee College of Music de Boston, doy clases de guitarra, música moderna y escribo canciones.