Aunque estamos inmersos en el presente de tal manera que , a menudo, parece que todo este sucediendo ahora mismo, como por arte de magia, todo viene de algun momento del pasado. Las canciones, también.

Antes incluso de la escritura, antes de lo que podemos considerar historia, es más que probable que existieran formas musicales y cantos. Hay incluso pruebas fósiles que apuntan a elloo, por lo tanto, existe un largo legado antiquísimo que, tras siglos y siglos, nos ha llevado hasta lo que podemos escuchar hoy como moderno o contemporáneo.
Vamos a repasar un poco lo que sabemos o intuimos de aquel periodo larguísimo y remoto, antes de que todo estuviera fijado o documentado, más allá de nuestro conocimiento actual.
La musicalidad antes de la Historia
Cuando intentamos imaginar la vida de nuestros antepasados más remotos solemos pensar en herramientas de piedra, fuego, caza o refugios. Sin embargo, hay otro elemento que probablemente estuvo presente desde muy temprano y que, paradójicamente, solemos olvidar: las canciones.
Resulta difícil saber cuándo apareció la primera canción. De hecho, es probable que nunca lleguemos a saberlo. La música deja pocos rastros arqueológicos y la voz humana no fosiliza. Sin grabaciones, sin partituras y sin testimonios escritos, cualquier reconstrucción de la música prehistórica debe hacerse con cautela.
Aun así, existen indicios suficientes para pensar que la música nos acompaña desde hace muchísimo más tiempo del que solemos imaginar.
Una capacidad profundamente humana
Quizá la primera pregunta no sea cuándo empezamos a cantar, sino si alguna vez pudimos dejar de hacerlo.
Basta observar una conversación cotidiana para darse cuenta de que el habla nunca es completamente plana. Elevamos la voz para enfatizar una idea, cambiamos el ritmo de las frases, aceleramos cuando estamos nerviosos y ralentizamos cuando queremos transmitir calma. Incluso sin proponérnoslo, convertimos constantemente el lenguaje en pequeñas melodías.
La frontera entre hablar y cantar es mucho menos clara de lo que parece.
Si además intervienen las emociones, la musicalidad se vuelve todavía más evidente. La alegría, la tristeza, la sorpresa o el miedo modifican automáticamente nuestra voz. En cierto modo, cantar podría ser una extensión natural de algo que ya hacemos continuamente al comunicarnos.
Por eso muchos investigadores consideran que la música no es un simple entretenimiento añadido a la vida humana. Más bien parece una capacidad profundamente ligada a nuestra naturaleza social y emocional.

Las huellas arqueológicas de la música
Aunque la música antigua desapareció hace miles de años, algunos instrumentos han sobrevivido.
Entre los hallazgos más curiosos se encuentran los llamados raspadores: fragmentos de hueso con muescas paralelas que producen sonidos rítmicos al ser frotados con otro objeto. Son instrumentos extremadamente sencillos, pero precisamente por eso resultan tan interesantes. Representan una de las formas más básicas de generar ritmo de manera intencionada.
Se han encontrado ejemplos muy antiguos en distintas partes del mundo, lo que sugiere que la creación de sonidos rítmicos pudo surgir de forma independiente en diferentes culturas.
Sin embargo, los descubrimientos más espectaculares son probablemente las flautas paleolíticas.
En varios yacimientos de la actual Alemania han aparecido flautas fabricadas con huesos de aves y también con marfil de mamut. Algunas tienen una antigüedad estimada de más de cuarenta mil años, lo que las convierte en algunos de los instrumentos musicales más antiguos conocidos.
Detengámonos un momento en este dato.
Para fabricar una flauta es necesario algo más que curiosidad. Hay que seleccionar el material adecuado, perforarlo con cierta precisión y comprender que esos agujeros modificarán el sonido producido. No parece el trabajo improvisado de alguien que jamás hubiera experimentado con la música.
De hecho, estos hallazgos plantean una posibilidad fascinante: si hace más de cuarenta mil años ya existían instrumentos relativamente sofisticados, es razonable pensar que las canciones y los cantos llevaban existiendo mucho antes.
Las voces humanas probablemente fueron los primeros instrumentos de nuestra especie.
Música, memoria y comunidad
La utilidad de la música en las sociedades antiguas seguramente iba mucho más allá del entretenimiento.
Antes de la escritura, las canciones podían funcionar como una extraordinaria herramienta de memoria. Un texto cantado resulta mucho más fácil de recordar que uno simplemente hablado.
Muchas culturas tradicionales han utilizado durante siglos canciones para transmitir conocimientos, genealogías, relatos históricos, normas sociales o creencias religiosas.
Es posible que algunas de las primeras canciones fueran, en realidad, una forma de conservar información importante para la supervivencia del grupo.
También debieron desempeñar un papel fundamental en la cohesión social. Cantar juntos sincroniza movimientos, emociones y atención. Hoy lo vemos en conciertos, celebraciones, manifestaciones, eventos deportivos o reuniones familiares. No resulta difícil imaginar que nuestros antepasados experimentaran algo parecido alrededor de una hoguera.
Quizá las canciones ayudaban a fortalecer vínculos, celebrar éxitos colectivos o afrontar momentos difíciles.

Lo que cuentan los mitos
Si la arqueología nos ofrece objetos, la mitología nos muestra significados.
Las culturas antiguas no solían considerar la música como algo trivial. Al contrario, la relacionaban con fuerzas extraordinarias.
En la antigua Grecia encontramos numerosos ejemplos. Las Musas, protectoras de las artes y de la inspiración, eran hijas de Zeus y de Mnemósine, la personificación de la memoria. No parece una asociación casual. Para los griegos, música, creatividad y memoria formaban parte de una misma realidad.
También aparece la figura de Orfeo, capaz de conmover a animales, árboles y dioses con el sonido de su lira. Más allá del elemento fantástico, el mito refleja una idea muy concreta: la música posee un poder transformador sobre quienes la escuchan.
Algo parecido ocurre en la tradición nórdica con Bragi, dios de la poesía y la música, o en la mitología mexica con Huehuecóyotl, asociado al canto, la danza y las celebraciones comunitarias.
Cuando observamos relatos procedentes de lugares tan distintos encontramos un patrón recurrente. La música aparece vinculada a la creación, a la memoria, a la identidad colectiva, a la espiritualidad y al conocimiento.
Parece que nuestros antepasados intuían algo que todavía seguimos experimentando hoy.
Otras pistas desde la ciencia
Las investigaciones modernas también ofrecen algunas ideas interesantes.
Diversos estudios sugieren que la música podría haber desempeñado un papel importante en la evolución humana. Algunos científicos han propuesto que el canto ayudó a fortalecer vínculos entre individuos antes incluso de que existiera un lenguaje complejo como el actual.
Otros investigadores señalan que las actividades musicales estimulan simultáneamente múltiples áreas cerebrales relacionadas con la emoción, la memoria, el movimiento y la atención.
En otras palabras, la música no parece ocupar un rincón secundario de nuestra mente. Está profundamente integrada en ella.
Quizá por eso aparece en prácticamente todas las culturas conocidas, independientemente de la época o del lugar donde hayan vivido.
Conclusiones
A menudo hablamos de la música como si fuera un lujo cultural, algo agradable pero prescindible.
Sin embargo, la evidencia arqueológica, la mitología y la propia experiencia cotidiana parecen apuntar en otra dirección.
Las canciones llevan acompañándonos desde tiempos remotos. Han servido para recordar, celebrar, transmitir conocimientos, expresar emociones y fortalecer comunidades. Han estado presentes en rituales, funerales, nacimientos, fiestas, guerras y encuentros amorosos.
Y continúan estándolo.
Tal vez por eso nos afecta tanto una melodía concreta. Tal vez por eso seguimos tarareando sin darnos cuenta o sentimos la necesidad de cantar cuando estamos solos.
Después de decenas de miles de años, seguimos haciendo exactamente lo mismo que hacían aquellos seres humanos que perforaban huesos para construir flautas o que golpeaban objetos para marcar un ritmo alrededor del fuego.
La tecnología ha cambiado. Los instrumentos han cambiado. Incluso los estilos musicales han cambiado.
Pero la necesidad de cantar sigue siendo esencialmente la misma.

hacercanciones.com es una creación del Sr. Imposible
Después de estudiar en varias escuelas de música de barrio y en el Aula del Conservatorio del Liceu de Barcelona, con contenidos compatibles con el Berklee College of Music de Boston, doy clases de guitarra, música moderna y escribo canciones.